La vida secreta de las flores
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Las plantas, aquellos seres vivos que están donde quiera que nosotros nos encontremos, son capaces de crecer y vivir en condiciones en las que ni podríamos imaginarlas. Forman un grupo muy variado de seres, desde aquellas bacterias fotosintéticas llamadas científicamente como cianobacterias, pasando por briófitos, musgos, helechos y las omnipresentes gimnospermas y angiospermas (a grandes rasgos plantas sin flor y con flor respectivamente). Sin olvidar un variado grupo del que todavía los especialistas no se ponen de acuerdo en su clasificación, me refiero a los hongos, etiquetados normalmente como vegetales, pero con unas características tan diferentes, que llevan a muchos a pensar que se deberían tratar como animales, y a otros a que deberían formar un grupo aparte.
Pues bien, estos seres vivos que muchas veces son subestimados esconden en su sutil anatomía, inventos y estructuras perfeccionados durante cientos de millones de años, muchos más que los que cualquier animal haya podido concebir. Se han logrado ganar su estancia en el planeta a base de una ponzoñosa lucha durante millones de años, lucha por la luz, por los terrenos, por el esparcimiento de sus descendientes y en una última estancia, por esclavizar a los animales para su bien.
En esa morfología tan discreta que poseen se encuentran encerradas grandes artimañas que les han permitido llegar hasta aquí, y seguramente, seguir estándolo una vez que no quede ningún ser humano sobre la faz de la tierra.
Por ejemplo, observemos esta flor que tenemos frente a nosotros:
Miremos detenidamente su estructura, sus colores y pensemos en cuál puede ser la razón de tal derroche de belleza.
Quizás nos parezca difícil a primera vista, o se lo achaquemos al azar. Estaríamos cometiendo un gran error. Veamos ahora a la misma flor pero con luz ultravioleta:
La misma luz por la que ven una gran cantidad de insectos polinizadores.
Observemos ahora esa gran mancha negra en la base de los pétalos, se trata de una ¡pista de aterrizaje! Diciéndole a aquellos pequeños animales: “aquí, aquí aterriza que hay comida”
La planta pone a su disposición esa hermosa flor con colores que son como grandes carteles luminosos para los insectos con tal de que estos a cambió de adquirir alimento transporten el polen (gametos masculinos) enganchado en sus pequeñas “patitas” de una planta hasta el pistilo de otra (allí se encuentran alojados los ovarios de la planta) para que se pueda producir la fecundación con la consecuente mezcla y distribución del material genético.
Estas flores se encargan de atraer específicamente especies de abejas y avispas y la denominación botánica para este proceso se conoce como Melitofilia son capaces de crear una gran variedad de formas y colores para atraer a estos individuos a su interior, cuyo vuelo, y entrada a la flor resulta indispensable (en algunas especies existen mecanismos diferentes) para la fecundación y la posterior formación de semillas. Normalmente utilizan colores claros o reflejan la luz ultravioleta con señalizaciones que llaman la atención a estos animales.
En algunos casos la coevolución de estos seres ha llegado hasta tal punto que algunas especies de la familia de las Orquídeas han llegado a desarrollar coloraciones que emulan ser hembras de abejas o avispas para poder atraer a sus respectivos machos qué ingenuamente piensan estar apareándose mientras lo que realmente hacen es recoger grandes cantidades de polen en toda su superficie corporal.







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impresionante, no me habría imaginado esto
Son muy curiosas las flores, normalmente no nos fijamos en ellas pero tienen mucho de que hablarnos!